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Sentado al pie de su cama, escribía con trazos profundos los dictados que su mente ordenaba a unos dedos , cuyo movimiento se hallaba enturbiado por la circulación de ingentes cantidades de alcohol.
Mi vida se caracteriza por eso. Un continuo ir y venir. Un lugar nuevo, gente nueva, en definitiva, una vida nueva.
Es como si en mi devenir estuviese condenado a vagar por el mundo, siendo el esclavo de un ser cuyo poder y fuerza soy incapaz de medir.
Si tendré descanso o no es algo que ignoro. Si podré disfrutar del amor y la amistad por más de un mísero periodo de tiempo es algo que anhelo. Mi vida aquí se terminará en breves y te veo pasar de nuevo frente a mi calle. Un escalofrío de miedo y dolor bañados en ilusión inundan mi cuerpo.
Los garabatos que seguían a esto eran indescifrables. Su cuerpo y su mente comenzaban a flaquear y se dejó acunar por el sueño,en el frío suelo, ajeno a cualquier preocupación o pensamiento. Nada importaba más que la evasión etílica. El dónde y el por qué carecían,ya, de importancia alguna.
me ha encantado... hoy que la resaca es una puerta abierta en la que detrás está un poema desecho, me alentó leerte...
ResponderEliminarmis saludos
Me gustó tu relato.Entre dudas y anhelos está la vida.
ResponderEliminarUn beso